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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

 

Dos años después

 

Felipe trabajaba para José Luis Abarca. Era el secretario de Seguridad de Iguala. Fue quien coordinó el operativo policial los días 26 y 27 de septiembre de 2014. Fue quien “puso” a los 43 normalistas de Ayotzinapa y que desde entonces se encuentran desparecidos.

El Gobierno federal nada tuvo que en el secuestro y desaparición. Pero los tiempos jurídicos, el mal manejo informativo, el desaseo de la investigación lo hicieron “responsable” y autor del hecho. Hoy, 25 meses después Felipe Flores Velázquez, quien al igual que los estudiantes, “desapareció”, se encuentra detenido. Todas las evidencias lo hacen presunto responsable, como autoridad con mando, de lo que ya es una tragedia para los padres de los 43 y un pingüe negocio para los representantes, voceros, organizaciones y el GIEI.

Al informar de su captura, el comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia dijo que se le imputan los delitos de delincuencia organizada y secuestro. La reacción de los padres fue correcta: esperan información fidedigna de los hechos ocurridos y confían en que sus hijos estén en alguna parte, pero vivos.

Vidulfo Rosales, el abogado de los padres, exigió ver “en estos momentos” al exjefe policíaco. No explicó para qué. Y uno que es mal pensado, supone que para nada bueno.

Felipe es, probablemente, el último eslabón de la cadena que desapareció a los estudiantes antes de ser entregados a los criminales, si ello ocurrió y por tanto su testimonio podría aclarar el destino de los normalistas de la Isidro Burgos. ¿Fue el Estado?