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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Jueces opacos…

Dice el refrán: el buen juez por su casa empieza. Resulta, sin embargo, que en la Ciudad de México todos los integrantes del Poder Judicial –magistrados, jueces, secretarios de juzgado y cuenta etcétera- estarán exentos de hacer pública su declaración 3de3. Todo porque los ministros de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación decidieron, en votación dividida, mantener “por tiempo indefinido” en el cajón de los secretos sus propiedades, sus intereses y su información fiscal.

¿Cómo obligar a otros servidores públicos a que cumplan con la norma de ser transparentes si quienes imparten justicia se vuelven jueces opacos? Esta acción, promovida desde el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, usted y yo no sabremos cómo le hicieron algunos jueces para dejar la pobreza en el baúl de los recuerdos, heredado por los abuelos.

Ocultar los bienes, los intereses y los pagos fiscales, que por ley les son descontados al momento de recibir sus elevados salarios, siembran la semilla de la duda. Sí, de la duda de cuánto tienen, cómo hicieron sus fortunas y a quienes les han hecho servicios que pudieran representar conflicto de intereses al dictar una sentencia.

No es nuevo que se piense que hay jueces corruptos. Que trafican con el poder de sus sentencias, que tienen nexos con personajes inconfesables. Tampoco es novedad observar cómo se dan la buena vida y cómo los asuntos importantes se retrasan aunque esté en vigor el nuevo Sistema Adversarial.

¿Por qué la Corte avala la opacidad? Dejo la pregunta en el aire. Usted respóndala.