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Punto de vista

  • Jesús Michel

Apretón de…

Finalmente la ley se aplicó y la llave de tuercas giró de izquierda a derecha y apretó… Fue de precisión. El birlo aguantó. Aunque destempló rostros y silenció voces altisonantes. Fueron los primeros despedidos, así, despedidos del magisterio federal. Sumaron 3 mil 119 y tenían sus plazas en Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Michoacán. Retaron a la autoridad y, como dijo el líder de la 22 “no nos asustan, porque ni a la muerte le tememos”, habría que hurgar en la materia gris, que debe tenerla, que lleva sobre los hombros para saber sí, en efecto, son de acero y sin sangra en las venas.

Sobre advertencia no hay engaño, dice el refrán. Y Aurelio Nuño Mayer, responsable de la educación federal, simplemente cumplió su palabra: se van los que falten 3 días seguidos a sus labores en las escuelas. No hay reubicación ni recontratación. Diría el Mago Septíén: se va, se va, se ¡fue!

Los paristas del magisterio han abusado de su poder desde hace tres décadas. Nadie les escatima la defensa de sus derechos. Los conquistaron, como clamaría Churchill, con sangre, sudor y lágrimas. En el pasado, tuvieron razón en sus reclamos. Hoy están equivocados. No son ni con mucho los gobernantes de este país. Son empleados del Gobierno y por tanto empleados nuestros, de los ciudadanos que pagamos impuestos. Sus salarios los pagamos todos.

La reacción de los disidentes es un misterio. Gritan y vociferan. Su violencia es más mediática que real. Eso es lo que hemos vistos y vivido. ¿Serán igual ahora que perdieron esta segunda batalla?

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