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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Muro-Frontera-Sur…

Sin papeles. Sin visas. Sin dinero. Con todas sus carencias, pobladores de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, cruzaron el Suchiate. Llevaban en sus mentes el “american-dream” que parecía estar al alcance de sus anhelos. Sin embargo, el muro de la frontera sur, el de contención, les impidió llegar hasta el muro de metal que se yergue en la frontera norte, lo mismo en Tijuana que en Mexicali, en Nogales y Reynosa, en Nuevo Laredo y Ciudad Juárez.

Un informe de la Dirección General de Migración de Guatemala revela cifras de centroamericanos deportados de suelo mexicano: 106 mil 117 entre enero y octubre del presente año. “Una baja de 20.6% respecto del mismo periodo durante el año pasado”, indica.

¿Por qué son regresados a sus países de origen? No existe una razón jurídica, legal, que obligue al Gobierno de la República a realizar esa acción, similar pero a lo grande que hace Estados Unidos con los inmigrantes que carecen de visa para permanecer en la tierra del Tío Sam.

Sin tener una respuesta oficial –porque nadie la ofrece-, la razón de las deportaciones forma parte de todo un programa de contención para que los ilegales no lleguen a la frontera norte. De ahí que “La Bestia”, ese ferrocarril que cobra vidas y en el largo recorrido desde Tapachula hasta Tijuana, pasando por Veracruz, en donde “Las Patronas” alimentan a miles de personas en busca de una vida mejor, sea estrictamente vigilado por autoridades mexicanas.

Cien mil deportados que fueron frustrados en sus sueños. Para eso está el “muro de contención” en territorio nacional.