imagotipo

Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Guerrero, hundido…

“Tocar fondo”, es una forma de decir que no se puede bajar más. O caerse de nueva cuenta. Sin embargo, cuando se habla de “hundido” todavía hay espacio para llegar al fondo. Esto vale, porque a pesar de todos los salvavidas arrojados para sacar a flote al Estado de Guerrero, no se logra siquiera ponerlo a respirar. En el “mal fin” de esta semana, 22 personas fueron ejecutadas y 9 de ellas decapitadas.

¿De qué han servido las reuniones del Grupo Guerrero que encabeza el secretario de Gobernación? Se presume que la inteligencia militar, naval, del CISEN, del CNSP y otros organismos que cuentan con personal altamente capacitado y con la tecnología de punta para combatir la criminalidad, se puso a disposición de la entidad para frenar la escalada de violencia que la azota desde hace una década. Pero de nada ha servido.

Están los gendarmes, los soldados, los marinos, los policías federales. Hay poco más de dos mil elementos tratando de contener un caudaloso río por el que nadan los sicarios, los narcotraficantes, los del crimen organizado “como peces en el agua” y hasta ahora, después de meses de trabajo, no han logrado su cometido: regresar la paz y tranquilidad a la golpeada pero amapolera entidad.

Acapulco, aquel de mis amores, forma parte de la tristeza personal como la de millones de mexicanos, incluidos los residentes. Si bien la zona turística ha sido repelente a la presencia de los criminales, el resto se encuentra en manos de los narcos que pelean la plaza. Guerrero, todo, está en la espiral violenta que va de frontera a frontera con los Estados de Jalisco, Michoacán, Oaxaca, Morelos y de México. ¿Aguantará más?