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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Reacciones encontradas…

Como todo aquel personaje que entra en las páginas de la historia, Fidel provoca reacciones encontradas. Unos lo consideran dios terrenal. Otros hablan de que superó a Satán. Con sus casi 50 años de primer secretario del Partido Comunista y por tanto Jefe de Estado, dos generaciones no conocieron otro líder que condujera sus destinos. No supieron qué pasaba al otro lado de la Isla. Vivieron en tinieblas. Los largos discursos para explicar la revolución cubana, las adoctrinó.

Los que se partieron, literalmente echados de su tierra, no lo perdonan. Perdieron sus bienes. Dejaron familia. Abandonaron sus negocios. Unos hasta la vida. Ambos, los unos y los otros, tienen razón. Aquellos porque nacieron y vivieron en una dictadura disfrazada de revolución y no conocieron nada más. Éstos, porque no aceptaron ser sometidos.

Desde su arribo a La Habana, acompañado del “Che” Guevara, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida, Raúl Castro, Arnaldo Ochoa, entre otros, Fidel no permitió disidencias. A Ochoa lo fusiló. El “Che” se marchó a Angola. Cienfuegos desapareció sin dejar huella. Hombre de mano dura. Llamado “títere de Moscú”, enfrentó el bloqueo comercial más severo del siglo XX. La caída del Muro de Berlín y la desaparición de Kruschev y de Brezhnev lo volvieron vulnerable y con la llegada de Gorbachov, cambió todo. Los aliados naturales y enemigos de EU ya no lo eran.

En Cuba hay sentimientos encontrados. En Miami se respira el desprecio por el líder. La historia me absolverá, frase final de su alegato en el juicio por el asalto a Moncada, queda en el aire sobre su gestión como amo de Cuba.