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Punto de Vista

  • Jesús Michel

  • Jesús Michel Narváez
  • Con los bueyes de mi compadre…

Durante el tercer debate rumbo a la Casa Blanca, Donald Trump atacó ferozmente el sistema electoral y advirtió que de no ganar denunciaría las ilegalidades. Ahora que se conoce la probable alteración en el conteo de votos y luego de haberse filtrado que desde Moscú pudieron
hackear el resultado y que Hillary se une a la petición del recuento, el todavía presidente electo se irrita, defiende el proceso, cuestiona que la demócrata se sume a la demanda de la candidata del Verde.

“Hay que arar, pero con los bueyes de mi compadre…”. Eso dice Trump. Padece del síndrome López Obrador. Si gana, todo funcionó correctamente. Si pierde, manda al diablo a las instituciones. En Estados Unidos nunca se ha revertido un resultado cantado por el Colegio Electoral. Si en el recuento en Wisconsin, Michigan y Pensilvania los sufragios favorecen a Hillary y si los electores indirectos cambian su voto, quizá haya una primera vez.

Solamente es quizá. Lo que si se avecina es un cambio radical en el sistema electoral para dar paso al peso del voto ciudadano y desaparecer la decisión de 538 personas que eligen indirectamente a quien los gobierne. Desde que Al Gore puso en aprietos al sistema, se habló de la necesidad de revisarlo. Sin embargo, otras tres elecciones se realizaron con el mismo método.

Ahora hay desconfianza que tiende a la incertidumbre. Si en el eventual caso de que el recuente arroje otro resultado y los votos electorales de los tres Estados se revierten ¿qué sigue? No hay previsiones para un caso así, pero de quedarse Trump sería, como dice López Obrador, “ilegítimo”.

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