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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Corregir errores es de…

Cuando Raúl Cervantes Andrade fue aprobado por sus pares en el Senado como nuevo procurador general de la República, se presumía que sería el último en ese cargo y el primero como Fiscal General Nacional, porque así lo prevé el transitorio de la reforma político-electoral de 2014, en la que se insertó el Sistema Nacional Anticorrupción.

Ya en el pasado inmediato, el senador con licencia se había retirado de su escaño durante un año para estar en condiciones de competir por una de las vacantes que registraría la Suprema Corte. Sin embargo, su probable nominación, que contravenía cuando menos tres artículos constitucionales –seguía como senador aunque no estuviera en funciones y eso es impedimento-, el mundo se le vino encima. Desde Los Pinos, en donde su primo hermano Humberto Castillejos Cervantes trabaja como titular de la Consejería Jurídica, lo empujaron pero no se logró el propósito. A la PGR sí arribó y quizá la frotada de manos era del todo válida. Pero ¡oh sorpresa! Sus compañeros legisladores criticaron que un priísta, propuesto por el presidente Peña, se convirtiera en el primer Fiscal General. El argumento: protegerá las espaldas de quien dejará Los Pinos en 2018. Y también cuidará de todos los tricolores que trabajan en el Gobierno federal.

Las demandas para que el nuevo servidor público que tendrá 9 años en funciones, escalaron. Los coordinadores del PAN y del PRD expresaron que la elección de Cervantes fue solamente para el periodo que termina el 30 de noviembre de 2018.

Peña Nieto escuchó los reclamos. Y corrigió el error avalado por el Congreso.