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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Demagogia legislativa…

Corresponde a los diputados aprobar los recursos que utilizará el Congreso de la Unión. Ellos y ellas y nadie más arrastran el lápiz, acomodan partidas, asignan presupuestos. Cuando la Secretaría de Hacienda elabora el paquete económico para el año fiscal siguiente, lo hace en base a las peticiones de cada uno de los Poderes. No inventa los montos. Hay ocasiones en que desde la revisión de exigencias, se hacen recortes. En tratándose de los diputados y senadores por regla general se acepta lo que piden.

Y en esa carta dirigida al viejo barbón que viste traje rojo y botas y cinturón negro, los congresistas presentan su presupuesto que incluye: dietas, apoyos legislativos, recursos para atención a sus representados, dinero para asesores y personal no sindicalizado, prestaciones y, por supuesto, aguinaldo y bonos.

Desde que se aprueba el presupuesto de egresos los diputados y senadores saben cuánto se llevarán al final del año. Hayan o no cumplido con sus responsabilidades. De ahí que las propuestas de rechazar el bono anual no dejan de ser mera demagogia legislativa. Y más si se habla de que el dinero debe destinarse a quienes menos tienen, aunque no precisan si se trata del personal de confianza o del contratado vía outsourcing para las labores que “ni los negros quieren hacer”.

Si los legisladores federales desean ser solidarios con aquellos que no tienen ni siquiera para comer aunque la Sedesol de Luis Miranda diga lo contrario, que en el presupuesto que aprueban anualmente se reduzcan las dietas y los privilegios y lo que no reciban lo programen para apoyar a los verdaderamente pobres. Lo demás es demagogia legislativa.