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Punto de Vista

  • Jesús Michel

  • Jesús Michel Narváez
  • Encuestitis corregida…

Desde que las encuestas se convirtieron en referente de triunfos o derrotas en todo tipo de elecciones en México, decenas de empresas dedicadas a recabar opiniones surgieron para “adelantar los resultados”. A partir de 2006, algo falló. Según el entonces candidato Andrés Manuel López los números le favorecían con 500 mil votos. Al final del recuento de casilla por casilla la victoria no llegó.

Vinieron las de 2012. Todas las encuestas, excepto la de María de las Heras, daban un holgado triunfo a Enrique Peña Nieto con cuando menos 17 puntos de diferencia. El conteo del IFE –todavía no cambiaba a INE- arrojó un saldo de solamente seis puntos. Suficientes para ganar, no para arrollar.

En las recientes elecciones en Estados Unidos todo mundo se equivocó. Desde los, hasta esa fecha, más confiables hasta los de nueva creación. Nadie le concedía el triunfo a Trump. Y sin embargo, ganó y produjo una crisis de la que nadie ha salido a salvo.

Previendo lo que se avecina en México en el 2018, el INE organiza el Foro: La precisión de las encuestas electorales: aportaciones para su perfeccionamiento, que se llevará a cabo hoy. No se informa de los cambios o de la metodología para realizar los levantamientos antes y durante los comicios, pero supongo que se buscarán herramientas que den certeza a lo que los encuestadores darán a conocer.

Hay quienes afirman que las encuestas inducen el voto. Pudiera ser cierto. Lo que está comprobado científicamente es que no aciertan. Seguramente el INE quiere asegurar una elección presidencial cuyo resultado no genere duda en aras de la gobernabilidad.

¿Lo logrará? Como Santo Tomás.

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