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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Anaya y la truculencia…

Se escucha la voz: Ricardo Anaya responde. Y el dirigente del PAN pontifica. Se propone como la solución a los problemas del país. Le indigna que México esté como se encuentra. Lanza el dardo hacia el Gobierno federal, pero se cuida de mencionarlo. Sin embargo, sí habla del PRI, de la corrupción, de la impunidad. Una truculencia para el posicionamiento rumbo al 2018.

Oírlo produce flojera. Con su átona voz, sin matices, sin fuerza y sus repetidos contenidos, muestra que la ambición lo tiene obnubilado. Ofuscado, pues. Presume los “triunfos del PAN” y relega al PRD. Siente que nadie más que él puede conducir los destinos del país. Es su campaña para desplazar a Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle, los panistas que quieren ser tomados en cuenta en el momento de la decisión.

Los cientos, diría miles de spots que se difunden las 24 horas del día violentan la legislación electoral que claramente señala que nadie puede por sí o por partido comprar spots o aceptarlos como regalo. De ahí que anoche Jorge Carlos Marín, presentara ante la Comisión de Quejas y Denuncias del INE, el reclamo y, como otros denunciantes, tendrá que esperar la decisión de los consejeros que la conforman.

Tratando de escalar los peldaños de la popularidad, aunque ya es bastante conocido por sus viajes a Atlanta y sus propiedades y millones de pesos que posee, Anaya anunció que para 2018 podría aliarse prácticamente con el diablo para sacar al PRI del Gobierno y evitar el populismo locuaz de López Obrador.

Congruente ¿verdad?