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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Voló la hoja…

Sin que nadie lo pudiera evitar, la última hoja se desprendió. Y concluyó su ciclo y cedió el paso a un nuevo calendario. También tiene doce hojas.

Dejar en el pasado lo malo, es difícil. Diversas razones llevaron al país y éste, el país, nos arrastró a situaciones quizá olvidadas. Porque así somos: omitimos lo que nos causa daño.

Año en el que perdimos espacios en nuestras formas de vida. El temor, por lo menos en cuanto a la Ciudad de México se refiere, de salir de noche, de caminar por sus calles, siempre estuvo presente a pesar de lo que nos dicen las autoridades. La inflación, que afirman está controlada, impidió que el dinero rindiera como “antes”, dirían las abuelas. Viajar por carretera se convirtió en un tabú insalvable. ¿Ir a Acapulco?… ¡ni loco!, me comentó un cercano amigo. Y utilizar las líneas áreas es privilegio de ricos.

Cayó la hoja del calendario y con ella vinieron a la mente todos y cada uno de los recuerdos. De los buenos, los malos y los feos. Tuvieron prioridad los horrendos. No porque le buscáramos tres pies al gato sabiendo que es hidráulico, sino por las condiciones que se presentaron y cuyos efectos nos dejaron temblando. Son externos, nos decía a los mexicanos el gobernador del Banco de México. Tenemos una economía sólida, nos restregaban en el rostro un día sí y otro también los responsables de las finanzas públicas. Hay empleo formal como nunca, se volvió frase de uso común, mientras la informalidad avanzaba.

Voló la hoja. La fecha se borró de la computadora. El celular mostró la nueva. Tiempo de decir solamente: ¡la libramos!

Felicidades para todos.

¡SALUD!

 

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