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Punto de vista

  • Jesús Michel

Regresaron… ¿por más?

He sostenido que las conquistas laborales no se ceden ni se pierden. Se llegó a ellas porque las circunstancias obligaron. Sin embargo, confundir derechos omitiendo obligaciones, es perder el piso y no saber qué se defiende.

Los maístros de la CNTE regresaron a la Ciudad de México no sin antes dejar una estela de violencia en Chiapas, Michoacán, Guerrero y Oaxaca. Pretendieron llegar al Zócalo. No los dejó el cuerpo de granaderos. Insistieron en quedarse en el Hemiciclo a Juárez. Tampoco les fue permitido. Finalmente caminaron hasta la Secretaría de Gobernación en donde sí instalaron su plantón.

No sé para qué. El secretario de Gobernación ha sido claro en dos posturas: los asuntos educativos se tratan en la SEP –borrando las audiencias concedidas y conducidas por Luis Miranda- y que, como una decisión final, con la CNTE habrá mano firme, no dura. Al buen entendedor pocas palabras. Sencillamente, parafraseando el ínclito del ’88: ni los oyen ni los ven.

Llegaron a la Ciudad de México, no en el número que anunciara Rubén Núñez Ginez –por cierto, qué estupendo reloj La coste porta en la muñeca izquierda- como respuesta a la “represión de Santo Domingo”, pero ¡cómo la desquiciaron! Sus arengas, repetitivas y sin solidez, comienzan a cansar. Piden diálogo con el que descalificaron como interlocutor. Exigen mesas de trabajo para resolver su tema: dar marcha atrás a la Reforma Educativa. No lo lograrán. Y no porque el Estado la imponga por capricho.

No, porque a la larga será el arma de los hoy niños y mañana anhelantes profesionistas.

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