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Punto de vista

  • Jesús Michel

Fingida igualdad

Rosa Pérez convenció a los ciudadanos de que era la mejor opción para gobernar el municipio. Encontró respaldo. Decidió ir a la batalla. Conformó la planilla y se lanzó en busca del espacio negado por siglos. Ganó la elección y se convirtió en la primera alcaldesa del municipio de Chenalhó, en Chiapas. A la mente del síndico Miguel Sántiz Álvarez le vino la idea: en esta comunidad nos regimos por la ley de usos y costumbres. Y la costumbre es que ninguna mujer le ordene a ningún hombre. Y la acosó con sus argumentos, hasta obligarla a pedir licencia por tiempo indefinido para asumir él, Sántiz, la presidencia municipal.

Para alcanzar su propósito, convenció a la comunidad de exigir al Congreso estatal la remoción de Rosa. Los diputados dijeron: no. Y los dueños de los usos y costumbres secuestraron al líder de los diputados y a otros dos más. Condicionaron su liberación: que se vaya Rosa y que llegue Miguel.

¿Y la igualdad entre el hombre y la mujer que consagra la Constitución?… ¿los miles de palabras pronunciadas desde el poder público en “favor” de la mujer?… ¿y los anuncios de que tienen derecho a ocupar los cargos de elección popular?

Se entiende que México sea un país pluricultural y que se proteja el pasado. Sin embargo, pareciera que las zonas de usos y costumbres se quedaron en el siglo XVI. Rosa fue obligada a irse a pesar de haber ganado democráticamente. La gente votó por ella. Ganó en las urnas lo que Miguel le arrebata por una norma que no es ley y que hace valer por la fuerza.

Fingida igualdad.

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