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Punto de vista

  • Jesús Michel

 

Jesús Michel Narváez

Sin evidencia, ¿otra mentira?…

Acusar obliga a comprobar. Hacerlo ante un micrófono y solamente aportar el “dicho” se ha vuelto común entre los políticos de oposición principalmente. No tengo la menor intención de defender al exgobernador más corrupto, ahí sí con pruebas, como lo es Javier Duarte de Ochoa, pero tampoco de creerle a su sucesor, Miguel Ángel Yunes Linares, quien en lugar por recomponer las cosas solamente lanza graves señalamientos que permean y lastiman a la sociedad.

Le creo y sin ningún recoveco, a José Narro Robles. Él lo dice: no hay evidencia de que en Veracruz se aplicara “agua destilada” sustituyendo la quimioterapia. Lo confirma la Cofepris que si halló medicamentos caducos. El secretario de Salud admite que la acusación de Yunes provocó desconfianza de los ciudadanos en el sector salud. ¿Eso buscaba el minigobernador? Si su estrategia es mentir –y lo hace generalmente muy bien- para consolidarse rumbo a la elección del 4 de junio, cuando se renuevan las 212 alcaldías de la entidad, no le va a funcionar.

Solo falta que su verdad esté sustentada en el texto de alguna mala novela de terror. Llamar parda a la cuadrúpeda sin tener los “pelos de la burra en la mano” es padecer daltonismo. No se pueden distinguir los colores como tampoco se puede afirmar que algunos niños murieron porque el cáncer los venció a falta de tratamientos.

Desde la campaña, Yunes Linares dedicó sus esfuerzos a descubrir el agua tibia y el hilo negro y, para desgracia de los veracruzanos, ganó. No sé si los padres estén de acuerdo en que a sus hijos les dieron agua destilada. Sí imagino que Yunes logró su propósito: sembrar la duda.

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