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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Achicar el Congreso…

Desde hace tres lustros he sostenido que los diputados plurinominales –antes de partido- sobran en el Congreso de la Unión. Si bien en 1963 se realizó la reforma constitucional para darle presencia a las oposiciones, que no ganaban una curul o un escaño ni en rifa de kermes, hoy son fuerzas reales que tienen sus espacios en la ciudadanía y le deposita su confianza para llevarlos tanto a las cámaras del Congreso.

La omnipresencia del llamado “partido de Estado o único” desapareció desde 1989 cuando Ernesto Ruffo ganó el gobierno de Baja California, venciendo a Margarita Romo. Y de ahí p’al real, el PAN se adueñó de los gobiernos de aquella fronteriza entidad y de Guanajuato como desde hace 19 años lo hizo el PRD en la Ciudad de México.

El Congreso mexicano tiene más diputados y senadores federales que Estados Unidos, en donde la población prácticamente triplica la nuestra. No hay razón para ello… salvo el beneficiar a los políticos que no ganan en las urnas o que son expertos en diferentes áreas pero no compiten porque “ya están cansados”. En tiempo de crisis económica –y política- senadores y diputados junto con dirigentes de partidos, proponen reducir el número de legisladores e incluso ajustar los recursos públicos a los partidos en años que no se realizan elecciones.

Diría que los plurinominales y los de lista e inclusive los senadores de primera minoría, no tienen razón de existir… salvo, claro está, si desde las cúpulas del poder público se quiere mantener la chamba para los cuates. ¿A quién representan los plurinominales?… ¡a nadie! Tiempos de ser realistas con el Congreso.

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