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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Diferentes pero iguales…

Se presume que profesan ideologías distintas y que nunca coincidirían siquiera para un almuerzo. Sin embargo, son iguales. Sí, Donald Trump y Nicolás Maduro piensan que la prensa, ya sea escrita, radiada o televisada, son sus enemigos comunes.

Maduro ha perseguido a los concesionarios de televisión y a los propietarios de los hasta antes del chavismo, influyentes rotativos. Clausuró las transmisiones de CNN y amenazó con bloquear su señal por internet, cosa que cumplió. Trump, desde su campaña mostró desprecio por aquellos medios no afines con su forma de actuar e incluso llegó a expulsar de sus conferencias de prensa a periodistas que identificaba como “pro Hillary”.

Con el rusiagate, que le costó el cargo de asesor de seguridad interior a Michael Flynn, el empresario inmobiliario metido a presidente de Estados Unidos, lanzó un rosario de acusaciones en contra del “fracasado New York Times” y amenazó con descubrir quienes hicieron las “falsas filtraciones”. Se ha referido a casi todas las televisoras de manera despectiva y ha elogiado a Fox “porque esa sí es una buena televisora”. Sean Spicer, su vocero, ha sido lo suficientemente claro: la prensa es enemiga del presidente Trump.

Que Maduro sea como es, no sorprende. Es un remedo de dictador y los dictadores cancelan libertades. El nuevo residente del Salón Oval, quien presuntamente representa la libertad de expresión, de comercio, de migración y todas las que a usted le gusten, se irrita cuando se divulgan sus acciones, sus conversaciones. Ah, pero oculta que desde su oficina se filtran los diálogos con presidentes de otros países.

 

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