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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Cruda realidad…

Sensata, por supuesto, la iniciativa preferente para avalar los estudios de los dreamers que pudieran ser expulsados de Estados Unidos por la nueva política migratoria. Plausible que se muestre preocupación por aquellos jóvenes que ya se encuentran cursando sus carreras y están a la mitad o cerca de terminar.

Sin embargo, el maldito sin embargo, aparece como un auténtico muro: la falta de espacios físicos, de maestros, de recursos públicos para recibir a los miles y miles –deseable que no-de connacionales que pudieran ser repatriados.

El Sol de México advirtió en su edición de ayer el problema que se avecinaba. Hoy lo confirma el secretario de Hacienda. De pronto, el Gobierno federal y los responsables de las instituciones de educación superior se dan cuenta de la cruda realidad y que no es otra que la incapacidad de ofertar educación para todos. Basta revisar lo que ocurre cada semestre en la UNAM o en el IPN: aplican, en el primero de los casos, 130 mil jóvenes en busca de un espacio y solamente lo alcanzan unos 30 mil; en el segundo, 100 quieren ingresar y únicamente 20 mil lo logran.

El problema es claro: si millones de mexicanos dejan el país para buscar opciones no de riqueza, sino de sobrevivencia personal y familiar, no lo hacen por gusto, aunque se diga que en Estados como Zacatecas, Michoacán, Guanajuato o Jalisco es una cultura. No. Se van porque no hay empleo, porque la pobreza es su inseparable compañera y logran, allende la frontera norte, ganar lo que aquí no ganarían en su vida.

Festinar las remesas no es para dar orgullo. Es para causar vergüenza. Es la cruda realidad de nuestro México lindo y querido.

 

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