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Punto de vista

  • Jesús Michel

Mota sí, tabaco no

Perredistas, al fin y al cabo. De un lado empujan con fiereza la aprobación del consumo de marihuana para fines lúdicos y de pasada para tratamientos medicinales; del otro, lanzan la ofensiva “internacional” para crear, sin pretexto alguno, los “espacios 100% libres de humo de tabaco”. Para la mota, todas las libertades: fumar en público siempre y cuando lo permitan los presentes; para el cigarrillo común y corriente, ni con permiso.

Los fumadores perdemos la batalla. Nos dicen que el cáncer nos pegará con mayor velocidad y fuerza; nos indican que por cada cigarro fumado perdemos minutos de vida; nos alertan de que inhalamos veneno que se les coloca a las ratas para morir… vaya, nos colocan a un paso del hoyo. A quienes fuman marihuana, les abren los espacios, lugares en donde quemar la bachicha, zonas de confort y hasta mejores precios por gramo que el de tabaco.

A los fumadores ya nos quitaron las terrazas en los restaurantes y bares y nos prohíben encender un cigarro aunque estemos en la vía pública si hay “mesas sobre la banqueta”.

¡Perredistas tenían que ser! En aras de ganar “simpatías” entre los consumidores de marihuana –jóvenes la mayoría-, se niegan a aceptar que muchos de los delitos con violencia que se cometen ocurren bajo el influjo de la otrora bien cotizada “Golden”.

¿Usted conoce a alguien que por fumar un cigarrillo se ponga violento? Se entiende que se eliminen restricciones probablemente absurdas; incomprensible que se alimenten contra “drogas” permitidas. ¿Vamos camino a la pureza si combatimos a las tabacaleras?

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