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Punto de Vista

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Jesús Michel Narváez

Control ficticio…

Alejandra Barrales regresó a su escaño en el Senado de la República para “poner orden” en el Grupo Parlamentario del PRD… eso declaró. En opinión de algunos perredistas y otros senadores, su retorno tiene como objetivo “fortalecerse ante los escándalos” en los que se ha visto envuelta y de los cuales no ha salido bien librada.

Recapitulemos: enfrentamiento con el excoordinador de la bancada perredista en el Senado a quien depuso y en su lugar designó a Dolores Padierna; después, el choque con las corrientes internas del partido por la elección-designación del candidato al gobierno del estado de México y, finalmente, por haberse descubierto gracias a un trabajo periodístico realizado por Univisión, que posee un lujoso departamento con valor de 990 mil dólares en el exclusivo Miami.

De los tres escándalos ha tratado de dar explicaciones y justificaciones mil sin convencer a nadie. La historia perredista en el Senado aún no termina. Ayer, en la sede del PRD se convocó a los senadores de la bancada para ratificar a Padierna como coordinadora. Al mismo tiempo, Raíl Morón, a quien eligieron 15 de los 19 congresistas que presuntamente pertenecen al perredismo, se negó a reconocerla y solicitó a la Mesa Directiva le diera la “toma de nota”.

Barrales, a quien la quiere deponer la corriente de Los Chuchos, que incluso ya pidió su renuncia, no parece tener todos los hilos en la manos para convertirse en la titiritera que le gustaría ser. Cada día pierde apoyos. Inclusive, por la mañana de ayer corrió en redes sociales la versión de que aventaba el arpa y dejaba la dirección del PRD, cosa que no se corroboró. Como senadora tiene fuero y control ficticio.

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