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Punto de vista

  • Jesús Michel

Solo en bola…

Decían los abuelos: ser maestro es un apostolado. Y vaya que lo era y lo es. Miles de profesores tienen que caminar largos tramos, kilómetros, para llegar a lo que podría identificarse como una escuela para, con la entrega plena y total a la profesión, tratar de instruir a sus alumnos. No todos, sin embargo, son apóstoles. Hay algunos enviados de satán para confundir.

Solo en bola pueden. Porque uno a uno, los valientes se vuelven cobardes. Y esos cobardes osan trasquilar a mujeres y hombres indefensos por el simple hecho de hacer su trabajo. Humillar a los seres humanos es el peor de los castigos. Es la infamia. Es la vileza. Es el rencor guardado por tiempo indefinido y que sale a flote cuando el peluquero se encuentra rodeado de sus fígaros. Escudarse en la profesión de docente democrático para imitar actos indignos de los emperadores que arrojaban a los leones a los cristianos (no democráticos) no tiene nombre ni apellido y menos materno.

No es la primera ocasión en que algunos “democráticos” agreden a los “institucionales”. Ello demuestra que el caso de Comitán no es aislado. Es una forma de desquitar el coraje ante la incapacidad de dialogar y entender que otros piensan diferente. Es la mediocridad de algunos de la CNTE.

¿Hasta dónde llegarán los que no quieren ser evaluados y exigen se les regresen sus prebendas? Dejar que sigan haciendo de las suyas, no es buena recomendación. En algún momento no será la trasquilada. Será el homicidio.

¡Qué alguien frene la barbarie en ciernes!

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