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Punto de Vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Con respeto a Barbosa…
Durante los últimos 4 años, Miguel Barbosa fue un personaje al que los reflectores le sentaban bien. Como coordinador del grupo parlamentario del PRD en el Senado, sus palabras tenían peso político. Haber presidido la Mesa Directiva de la Cámara alta, le permitió codearse con el poder público y con el privado y ser escuchado. En su papel de presidente de la Comisión Belisario Domínguez, integró un excelente equipo de investigadores y sus trabajos merecieron reconocimiento político y periodístico.

Decidió apoyar a López Obrador y provocó un cisma en el PRD y entre los senadores. Le anunciaron que lo removerían y respondió con una maniobra que entre abogados se llama chicana: promovió a Raúl Morón para que lo sustituyera. Y lo eligieron 15 de sus compañeros. El CEN del PRD no lo aceptó e impuso a Dolores Padierna que lo relevó en el cargo. Fue amenazado con la expulsión y para evitarla se fue al TEPJF que desechó su queja. El calvario finalizó ayer cuando anunció su renuncia al partido al que perteneció durante 23 años.

Justifica su salida: no podría apoyar a Delfina (Gómez) desde el PRD. Sería una incongruencia, afirma. Barbosa pierde de vista que no es un líder que arrastre masas y que por su puro nombre la gente lo siga. Tenía reflectores y ahora se apagaron. Sus declaraciones eran reproducidas por tener el cargo de coordinador.

Difícilmente aparecerá otra vez en las primeras planas, salvo que acuse directamente a Mancera o Barrales de acciones ilegales. Arroja al bote de la basura su trayectoria para sumarse a un proyecto cuya concreción nadie la conoce.

¿Valoró que pesaba por donde estaba y no por sus conocimientos? Estoy cierto que no. ¡Buena suerte en la aventura!

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