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Punto de Vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

¡A temblar!…

Encontró el pretexto: unos bellos bebés murieron por el ataque con armas químicas utilizadas por Siria. Y decidió, mientras se reunía con el líder chino Xi Jinping, que era el momento de lanzar el ataque desde un portaviones ubicado en el mar Mediterráneo. Donald Trump dio la orden y se fue a cenar.

Se dispararon entre 60 y 76 misiles que dieron en una base aérea en Shairat. Informan que fueron “tiros de precisión” y que se trató de una “operación quirúrgica”.

¿Tiene razón? No lo sé. Simplemente que se ha puesto el poder más grande del mundo en manos de una persona que lo ejerce sin medir consecuencias. Ignoro la reacción de Putin, porque hasta el cierre de esta edición, no conocía ninguna información sobre el particular.

Es probable que la decisión de acabar con Bashar Al Asad, cuyo Gobierno inició desde el año 2000 tras suceder a su padre, Háfez al-Asad, quien presidió el país durante 29 años hasta su muerte. Entre padre e hijo suman 46 años en el poder. Y para nadie es desconocido que el sirio cuenta con el respaldo de Rusia al que considera su aliado para tener presencia y control en el Oriente Próximo.

En las horas de la tarde de ayer, circuló la versión de que Trump se reuniría con los jefes militares para planear el sorpresivo ataque. Y mientras dialogaba con Jinping, giró las instrucciones. Al-Asad reclamó la acción y acusó a Estados Unidos de violentar las gestiones de paz. Omitió, por supuesto, que en el Consejo de Seguridad de la ONU se había tomado la decisión de sancionarlo pero Rusia lo impidió con su veto.

La rápida acción de Trump debe poner a temblar al mundo. Apretar el botón rojo codificado no le costará trabajo.

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