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Punto de Vista

  • Jesús Michel

  • Jesús Michel Narváez
  • Tiempo perdido…

Probablemente y casi sin temor a equivocarme, México es el único país en el mundo en donde los precandidatos oficiales –vaya, los que trabajan con el Gobierno en turno- están vedados a manifestar sus intenciones de suceder al jefe. Los “principios no escritos” impiden a quienes suspiran y son mencionados en los medios como posibles para ser nominados candidatos del PRI, se abran a la sociedad y dediquen sus mejores discursos a plantearse el “cumplimiento que me ha encomendado el señor Presidente”.

Son los casos de Miguel Ángel Osorio Chong, Luis Videgaray Caso, Aurelio Nuño Mayer, José Antonio Meade Kuribreña y Manlio Fabio Beltrones, quienes como militantes del PRI apuntan hacia la sucesión presidencial. Ellos callan y se pliegan a una disposición de “respeto al Presidente” y convencidos de que “no podemos desviarnos de nuestras responsabilidades”, dejan que desde otros partidos avancen los que quieren sentarse en la Silla del Águila.

Ahí están en plena campaña, ya no precampaña, Andrés Manuel López, Ricardo Anaya, Margarita Zavala, Graco Ramírez, Miguel Ángel Mancera Espinosa. De los llamados independientes Jorge Castañeda, Pedro Ferriz de Con, Jaime Rodríguez, “El Bronco” y Emilio Álvarez Icaza. Todos traen sus cartas a la vista. En el PRI juegan póker tapado.

Es verdad que el presidente Peña Nieto ha dado margen de lucimiento a sus secretarios de Estado. A cada uno le permite lucirse, hacerse presente, estar en los medios de comunicación. Pero ello no les da para alcanzar a los que ya dijeron que sí quieren.

Es el tiempo perdido.

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