imagotipo

Punto de vista

  • Jesús Michel

Ya cayó, Javidú, ya cayó…

Taladores clandestinos hacen leña del árbol caído. En el caso de Javier Duarte de Ochoa, si se comprueban todas las acusaciones en su contra, hay razón para hacerlo aserrín de pulquería.

Tenía todo y como diría el ínclito Enrique Bermúdez, “El Perro”, lo tiró todo por la borda. Faltaban dos días para que se cumplieran seis meses de su vergonzosa fuga a bordo de un helicóptero del Gobierno del estado que presuntamente saqueó. Como su abdomen, no tuvo llevadero. Nunca se empachó. Escondía los recursos públicos como mago. No en balde es doctor en economía. Su huída corroboró su probable culpabilidad.

A salto de mata vivió estos meses. ¿De qué sirvió apropiarse de lo que no era suyo? Se sentía intocable. Se presume que “sabe demasiado” y que bien podría poner en apuros a otros personajes. Sin embargo, el largo brazo de la justicia lo alcanzó. Y no tuvo que estirarse mucho. Apenas cruzando el Suchiate.

La fotografía en la que se encuentra declarando, causa pena ajena. Aquel sonriente gordito que todo conquistaba con su cara de bonachón, estaba más serio y desencajado que el mismísimo “Chapo”. ¿Iguales o peor? Quizá menos. No envició a millones, pero es responsable de las muertes, por omisión o comisión, ocurridas en Veracruz.

De ser mozo de Fidel Herrera, lo sucedió. El error más grande de Herrera. Sin duda alguna.

Detenido por agentes guatemaltecos a petición de la PGR, de Raúl Cervantes, el prófugo de la justicia, el número uno, poco podrá hacer para evitar una larga condena.

Salvo… salvo que en verdad sepa más de lo debido que comience a cantar como canario: agudo y con do de pecho.

Ya cayó, Javier ya cayó. ¿Quién sigue antes de las elecciones del 4 de junio?

E-mail: jesusmicheldir@oem.com.mx

Twitter: @jesusmichelMx