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Punto de vista

  • Jesús Michel

Jesús Michel Narváez

Niño Anaya…

Como si se tratara de recordarle que hoy es el Día del Niño, los panistas se reunieron en el Consejo Nacional del PAN y en lugar de felicitar a Ricardo Anaya le dijeron hasta la despedida. Porque, claro está, Margarita bien vale un reclamo. Y ¡qué reclamo!

Felipe Calderón sacó lo michoacano y lanzó el conjuro: no puedes ser juez y parte. Se refería a la ambición, que no aspiración, del dirigente albiazul de ser candidato presidencial en 2018 y para lograrlo avasalla a los otros suspirantes: Margarita Zavala de Calderón, para ubicarla en la posición correcta, y a Rafael Moreno Valle. Tiene el control de la estructura. Sabe manejar el Consejo Nacional. Tiene sus fichas colocadas en el Senado y la Cámara de Diputados. Y cuando menos 11 gobernadores del PAN se vuelven sumisos. Todo exactamente igual que en los tiempos en los que Calderón le robó la candidatura a Santiago Creel, el delfín de Vicente Fox.

Si alguien conoce las entrañas del partido y cómo funcionan los que tienen peso real, es Calderón a quien, por cierto, le fallaron los últimos movimientos para apoderarse del PAN. Fracasó en imponer a Roberto Gil Zuarth y en pretender colocar a su sucesor. Pero eso es el pasado. Ahora es el jefe de facto de la campaña de su esposa y quiere convertirse en el director general del DIF para demostrar que es
humano.

Anaya, “el niño de oro”, por el respaldo que le brindó Beltrones, salió superior al maestro en eso de prospectar lo que tiene a su favor. Sabe que no tiene nada que perder y todo que ganar. Por eso osa enfrentar a la maquinaria de antaño y obliga a los que tuvieron todo el poder a salir del clóset.

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