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Punto de vista

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Jesús Michel Narváez

Difíciles elecciones…

Faltan tres días para cerrar todas las campañas y es momento en el que la indefinición del electorado pesa más que las estructuras y los candidatos de los partidos. El número de indecisos, según encuestas, decidirá quién gana en las cuatro entidades en donde el próximo domingo habrá comicios.

Para el PRI los escenarios si bien no se presentan catastróficos si lo hacen amenazando su hegemonía en los estados de México y Coahuila. De Nayarit, inexplicablemente, se le asigna la derrota adelantada. Veracruz parece tener clara la elección: dividida entre PAN-PRD y Movimiento Ciudadano. El fracaso del año pasado desarticuló al tricolor y no se hizo lo suficiente para rescatar la credibilidad.

Por supuesto que las miradas y las evaluaciones políticas se centran en la vecina entidad, en donde el PRI se juega casi todo, el PAN se enconcha y Morena reclama la unidad de las izquierdas porque es la única forma de ganar.

El llamado de Delfina Gómez para que Juan Zepeda decline en su favor como lo hiciera Óscar González, demuestra la urgencia de sumar votos ante lo que sería la derrota no de ella sino de López Obrador. En lo personal no me queda claro qué gana con las adhesiones. En las boletas aparecen los nombres de los candidatos del PRD y del PT y con una semana de diferencia a las elecciones se hace prácticamente imposible que los seguidores de los dos partidos se enteren que deben votar por Morena.

Alfredo del Mazo examinaba ayer: el 4 de junio estará en juego todo lo que se avanzó en el Estado de México. Las encuestas colocan al priísta en primer lugar y a la independiente en último.

La pregunta obligada es: ¿lo que ocurra el próximo domingo marcará el destino del 2018?

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