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Punto de vista

  • Jesús Michel

Toma y daca…

Cuando se toman decisiones sin consultar a los liderazgos locales y a las bases –algo muy recurrente en todos los partidos políticos- las consecuencias suelen ser costosas.

Usted está enterado de que el fin de semana pasada Óscar González, el candidato del PT al gobierno del Estado de México y cuyo discurso se centró en ser el único exalcalde en estar certificado por el correcto manejo de las finanzas públicas de Metepec –eso dice un papel que exhibe constantemente-, declinó en favor de la abanderada de Morena. Ello produjo la “alegría” de Delfina Gómez y la satisfacción de Andrés Manuel López Obrador, quien abrió la puerta, a fin de que los petistas lo acompañen en 2018.

La decisión de abandonar la carrera electoral fue tomada por la cúpula del partido, como lo reconoció González y ello irritó a los integrantes de la Corriente de Opinión de Izquierda Mexiquense del PT –que hasta ahora aparece- que con la representación de 54 municipios se unieron a la campaña de Juan Zepeda, del PRD, acto que contrarió a Alberto Anaya, dueño del membrete partidista.

Al cierre de la competencia, Zepeda tiene aliados de los que carece Delfina. Si nos atenemos a lo que promedian las encuestas, estaríamos frente al fenómeno de que el presidente municipal de Nezahualcóyotl con licencia, podría terminar en segundo lugar si no es que hace la chica.

¿Por qué el dueño del PT no previó una reacción así de la militancia y liderazgos locales? Seguramente porque tuvo la oportunidad de recibir el apapacho de AMLO y con eso se siente “fortalecido”. (Hay otros elementos que están a la vista pero son incomprobables jurídicamente).

Lo cierto es que en el Edomex se vive el toma y data en todo su esplendor.

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