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Punto de vista

  • Jesús Michel

Silvano, el salvador…

No es sorpresa: desde que estaba en el Senado de la República y se acercó a Manlio Fabio Beltrones, con quien también convivió en la Cámara de Diputados y recibió el espaldarazo para convertirse primero en coordinador de los perredistas y después presidente de la Jucopo, Silvano Aureoles Conejo tenía una meta: ser gobernador de Michoacán… pero le quedó “chiquito” el cargo y supone tener los arrestos para ser Presidente de la República, aunque para alcanzar ese objetivo primero deberá obtener la candidatura de las tribus casi coloniales del PRD.

Ese visto bueno no es fácil de lograr. Las corrientes internas, las que tienen el verdadero poder, deberán ponerse de acuerdo y definir cómo lo ungirían candidato pasando por encima de Miguel Ángel Mancera, quien sin ser militante –y no se quiere inscribir- parece tener las preferencias.

El tema se complica porque en octubre deberá renovarse la dirigencia nacional que hoy posee Alejandra Barrales como la segunda interina del periodo para el que fue electo Carlos Navarrete y cuya llegada tiene claridad: la impulsó el jefe de Gobierno quien la contrató y tuvo que dejar el Senado para incorporarse al gabinete de Mancera.

Y más presión se le pone a la olla en la que se cocinan los grillos, cuando Aureoles se declara el salvador del país, a pesar de que en Michoacán las llamas de la inseguridad arden por todo lo alto.

¿Se puede aspirar a gobernar todo un país cuando no se ha podido hacerlo en un estado? Bueno, aspirar sí, lograr el propósito quién sabe. Silvano sabe y bien que sus posibilidades son limitadas, pero osa auto destaparse para convertirse en una piedra en el zapato de quienes sí pueden alcanzar la candidatura.

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