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Punto de vista

  • Jesús Michel

Cero y van tres…

Hace un mes se presentó y dijo llamarse Contaminación. Anunció que no tenía intenciones de irse ni aunque se lo pidieran a la mala. Frente a la soberbia de la Doña, las autoridades montaron en cólera y le espetaron: ¿ah, no te vas?… ¡pues entonces te vamos! Y le aplicaron todas las medidas a su alcance. La amenazaron. La insultaron. Le mostraron la ley. Le anunciaron que vendría doña Lluvia y la acompañaría don Viento. La corrieron… pero no se fue del todo. Regresó y con más fuerza.

Ahora los que osaron despedirla con cajas destempladas no saben qué hacer para volverla a correr. En la primera ocasión, le pidieron apoyo a 2 millones de propietarios de autos para que, en conjunto, le negaran el alimento. Solamente dos días bastaron para que doña Conta –para abreviar- se sintiera abandonada y decidió partir. Preparaba el retorno maquiavélicamente. Conocía las artimañas de quienes la hicieron irse. Y sabía cómo evitar que se repitieran. Llegó y como el viejo slogan radiofónico, lo hizo para quedarse. Por lo menos durante 72 horas ha hecho de las suyas. Y ha modificado hasta el modo de andar de aquellos que cooperaron con la autoridad para correrla del Valle de México.

Sí, doña Contaminación decidió mostrarle al mundo que tiene más poder que las medidas aplicadas en su contra. Podrán dejar de producir su alimento los 3 ó 5 millones de automovilistas que pudieran abandonar su transitar por el Valle, pero ella ya comió para tres días.

¿Cuál será la estrategia de los que mandan sobre la voluntad masiva para que doña Conta no regrese?