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Punto de Vista

  • Jesús Michel

  • Ni perdón ni olvido

Suena bonito. Es una frase hecha. No tiene la fuerza suficiente aunque sí mueve el tapete a los que presuntamente son culpables. Ricardo Anaya, envalentonado por los triunfos obtenidos en las elecciones del pasado domingo, insiste en encarcelar a Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz, por desviar, embolsarse o de plano robarse 35 mil millones de pesos durante su gestión. Más allá de la certeza del tema, el señor Anaya no es juez y no puede dictar sentencia.

La actitud de los panistas que ganaron las elecciones, está cortada por la misma tijera: demostrar que a quienes sucederán los pondrán tras las rejas “insisto: no son jueces para dictar sentencia alguna- porque defraudaron al erario público. Quizá tengan razón. No soy togado para decidirlo. Sin embargo, los panistas del señor Anaya hablan de que no habrá borrón y cuenta nueva y se preocupan por esconder lo que su gobernador, de su partido, Guillermo Padrés hizo en Sonora: birlar al Estado 10 mil millones de pesos. Dirán en su defensa que no es lo mismo uno que diez. Es evidente que no han ganado tantos Gobiernos como para que sus militantes sean acusados. Se entiende la postura de los ganadores. Así es la política.

Lo que no parece congruente es la construcción del castillo de la pureza para albergar a los políticos del PAN y en el que no tendrán acceso los de otros partidos. ¿De verdad estamos acudiendo al nacimiento de una casta inmaculada?

De ser así, habrá que preguntarse quién será el guapo que cerrará la última celda que hospede a los políticos de todos los colores, incluyendo el azul.

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