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Punto de Vista

  • Jesús Michel

  • Jesús Michel Narváez
  • A la cabeza…

Estirar la liga hasta romperla. Llevar el cántaro al río hasta quebrarlo. Ser la capilla a la que le llega su fiesta. Eso y más se puede decir de Rubén Núñez Ginez y su pandilla de colaboradores en la CNTE, entre ellos Francisco Villalobos Ricárdez y Aciel Sibaja Mendoza. Finalmente, la Procuraduría General de la República ejerció acción penal en contra de las principales cabezas de la Sección 22, que durante tres años acosaron al Gobierno federal, a los de Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Guerrero, Morelos y de la Ciudad de México.

Intocables, se decían. Tenían el control de una buena parte de aulas, instituciones y profesores ubicados en las entidades mencionadas. Vivieron bajo el escudo de la democracia magisterial. Insistieron en no apegarse a la Reforma Educativa -que a estas alturas pasó a segundo término- y en su intolerancia buscaron desestabilizar a las instituciones legalmente concebidas y avaladas por la población.

Núñez y Villalobos fueron detenidos con horas de diferencia. A los dos se les envió al penal federal de Hermosillo. Enterados de las aprehensiones, sus dominados seguidores intentan reagruparse y mantener su estrategia agresiva para que les sean devueltos sus privilegios que, por cierto, no fueron los motivos para capturar a los dirigentes principales de la Sección 22.

Ahora es la incertidumbre la reinante. Nadie puede predecir lo que viene. Si las detenciones frenan las protestas y éstas se conducen por la vía democrática, se habrá avanzado y mucho. Por el contrario, si escala la violencia, el asunto podría ponerse color de hormiga.