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Punto de Vista

  • Jesús Michel

  • Regreso al pasado…

Durante décadas, los gobiernos estatales de diversas entidades hicieron gestiones ante los propietarios de las grandes cadenas de autoservicio y de las tiendas departamentales, para que voltearan hacia las capitales y los municipios principales. Querían tener “a la Walmart”, a Liverpool, al Palacio y hasta la tienda de Diconsa.

Los inversores comenzaron por estudiar la factibilidad. Encontraron todas las facilidades de los mandatarios: terrenos a bajo precio, infraestructura a cargo del Gobierno o del municipio, apoyo en impuestos, etcétera. Y comenzó la expansión de las grandes cadenas de autoservicio y de tiendas departamentales. Los habitantes, lo mismo de Oaxaca que de Tuxtla, de Morelia que de Acapulco y Chilpancingo; de Hermosillo y Mazatlán, solamente por citar algunas poblaciones, ya no tenían que viajar a la capital del país para adquirir ropa de marca, lociones y perfumes, alimentos enlatados, carnes de primera calidad. No. Todo lo encontraban en las tiendas que habían sentado sus reales solamente en algunas partes del país y cuyos socios no se atrevían a ir a otros lugares.

Concretada la operación de servicios, todo mundo estaba feliz. Menos, claro está, aquellos resentidos sociales que suponen que las tiendas de niveles superiores a los estanquillos o mercados comunitarios rompen con las tradiciones y solamente enriquecen a los que ya son ricos.

Hoy “gracias” a las acciones de bloqueo por parte de maestros de la CNTE, muchas de las tiendas de “lujo” están por cerrar. Dejar los inmensos inmuebles.

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