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Punto de Vista

  • Jesús Michel

Diálogo obligado…

Alejado de polémica y más aún de inclinaciones políticas, es necesario poner sobre la mesa, si no la realidad, sí la percepción. De lo que hayan acordado el Gobierno de la República y los disidentes magisteriales tendrá que desmenuzarse. De lo que nos informen oficialmente por ambas partes. Lo que no debe perderse de vista es que el diálogo se da después de un hecho que cobró vidas humanas y además dejó un centenar de heridos. La percepción es clara: se sientan a la mesa después de “torcerle la mano” al Gobierno.

Tratando de recapitular: La CNTE mostró el músculo al adueñarse del Zócalo durante meses hasta que fue desalojada por la Policía Federal; durante meses fueron recibidos por los funcionarios de Gobernación; la presión se reflejó en las multitudinarias marchas que paralizaron la Ciudad de México y cuando menos ocho entidades del país. El Gobierno decidió romper el diálogo y rechazó todo tipo de acciones. Llegó Aurelio Nuño Mayer a la Secretaría de Educación y llevó consigo un discurso monotemático. Inició bien su gestión llevando a cabo las primeras evaluaciones sin que se registraran enfrentamientos aunque sí hubo rispidez. Después endureció su posición y dejó en claro que no habría diálogo con los disidentes si no entendían que la Reforma Educativa seguiría adelante. Vinieron las descalificaciones de los dos lados. El evento del domingo pasado modificó todo: el tema político se trasladó a Gobernación –aunque de qué otra cosa pueden hablar los disidentes que no sean sus conocidas exigencias- y Nuño se quedó con el tema educativo. ¿Alguien gana?

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