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Punto de vista

  • Jesús Michel

Diálogo de sordos

Dialogar significa escucharse entre las partes. Es negociar para alcanzar objetivos. Imponer no es condición de acuerdos. Doblegar a la contraparte, la que fuere, impide resolver el o los problemas. A dos semanas de iniciado el conflicto entre estudiantes del IPN y el secretario de Educación, Aurelio Nuño, que llevó al paro a la mayoría de las vocacionales, no tiene solución.

Un problema que nunca debió existir. La comunidad politécnica estaba tranquila después de haber logrado el relevo de Yoloxóchitl Gálvez, quien pretendió cambiar el Reglamento Interior sin consultar con la asamblea estudiantil. Y de pronto, por un cambio administrativo sin mayor beneficio para el titular de la SEP, la calma se volvió huracán.

Huracán, por cierto, que borra de tajo los logros alcanzados en materia de evaluación de mentores, de rehabilitación de aulas y el avance de escuelas al CIEN y colocan a la CNTE en privilegiada posición.

¿Quién llevó al secretario a la incómoda posición de enfrentarse a miles de estudiantes que, sabido es, no ceden fácilmente en sus reclamos? Nadie, bien a bien, ha sabido responder. Desde el momento en que surgió el cambio de adscripción del IPN dentro de la estructura de la SEP, los funcionarios ignoraron la petición estudiantil de una explicación. Nadie se las dio.

Nuño se niega a ir a Santo Tomás. Los estudiantes hacen lo propio y no van a la SEP. Declaraciones van y vienen. Y cada parte se aferra a su posición. No ceden.

Es, a no dudar, una competencia de vencidas. Y por supuesto, un diálogo de sordos.

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