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Punto de vista

  • Jesús Michel

Barak Obama no declara ni inaugura una obra todos los días. Angela Merkel difícilmente concede una entrevista. François Hollande sale a la prensa cuando hay atentados o tiene visitas de Jefes de Estado. Difícilmente vemos a un gobernador de uno de los 50 Estados de la Unión Americana estar en los medios todos los días. En Italia es complicado saber quién gobierna Palermo o Sicilia, salvo quienes habitan en esas regiones. En América Latina se da todo lo contrario.

Y México es el mejor ejemplo. No hay día en que no sean inaugurados una carretera, un puente, una clínica, un hospital, un campo deportivo, un comedor comunitario. Vaya, es común enterarnos de que el ciudadano Presidente, el Gobernador equis, el Jefe de Gobierno, el ene presidente municipal, colocaron la primera piedra del edificio que cambiará el entorno de tal o cual zona e iniciará el progreso.

Día a día, los políticos o los que ocupan cargos dentro de la administración pública en los tres órdenes de Gobierno, pronuncian discursos, conceden entrevistas, hablan de todo y son, como dice el refrán, aprendices de todo y oficiales de nada.

Es el amor a los reflectores. Los que cobran salarios como servidores públicos suponen que apareciendo en ene número de eventos, la gente los querrá, los amará. Son capaces de besar a niños de rostros sucios y de abrazar a una persona de la calle que no se bañó en meses, si la foto los identifica como los políticos que tienen sensibilidad.

Al final del día, las acciones que realice y sirvan, serán tomadas en cuenta. El resto es demagogia.