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Punto de vista

  • Jesús Michel

Me escribe el doctor Manuel Quijano. Doctor en ciencia política y profesor de la FCP de la UNAM. Se refiere a mi entrega publicada ayer en este mismo espacio y me dice textualmente: “La sombra del 68 le pesa a todos los gobiernos.

“Aquí el Estado de Derecho no lo aplican los gobiernos por esa razón. Lo sabemos todos. Sobre todo la CNTE”. (La felicitación es aparte). Tiene toda la razón. El fantasma del ’68 se regodea y actúa en contra de la aplicación de la ley. Han transcurrido 48 años y todavía hay quienes gritan que se trató de un Crimen de Estado y se lo atribuyen no solo a Gustavo Díaz Ordaz, sino a su sucesor. Eran los tiempos de la guerra fría y México estaba en la mira de la entonces Unión Soviética como punto de operaciones para saber qué haría el “imperialismo yanqui”.

Apenas tres años después, ocurrió el conocido como “halconazo”. En ese momento se tomaron medidas y se despidió a quienes tuvieron participación directa e indirecta. Se recuerda pero sin mayor simbolismo. Sin embargo, el fantasma de “la masacre estudiantil” permeó en la sociedad y tiene un carácter de reclamo al ejercicio “brutal” del poder público. Desde entonces nadie se atreve a aplicar la ley. En tiempos de Adolfo López Mateos se pulverizaron dos movimientos: el de los ferrocarrileros y el del magisterio. Los reclamos eran similares a los de la CNTE: no aceptar cambios educativos y menos administrativos.

Hoy los de la CNTE utilizan los artilugios que les dan poder: la amenaza de seguir adelante “hasta que tengan sus muertos”. Y el Gobierno recula. Y el Estado de Derecho… ¡bien, gracias!