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Punto de Vista

  • Jesús Michel

Con la asunción de Enrique Ochoa Reza como nuevo dirigente del PRI, en el tablero del ajedrez político se mueven las piezas con jugadas desconocidas. ¿Hay desconcierto? Sí. Y de eso se trata. Tener al adversario pulsando cuál será el siguiente paso.

Por lo pronto, habrá que observar quiénes formarán el Comité Ejecutivo Nacional y quienes serán los nuevos líderes estatales en Nayarit, Coahuila y en el Estado de México. El conjunto de decisiones que se tomen en los siguientes dos meses, revelarán la película que exhibirá al “nuevo PRI”. Ese PRI que está obligado a actuar en contra de aquellos que no supieron o no quisieron valorar su estancia como gobernadores, senadores, diputados, secretarios de Estado y servidores públicos de menor rango. No se trata ni con mucho de conformar un “partido sectario” sino eficiente. Que enfrente la realidad. Que sepa comunicarse con los ciudadanos y no les de la espalda otra vez.

Aquellos que velan por sus personales intereses y por los políticos que deben conservar para garantizar la gobernabilidad y al mismo tiempo ser partícipes del cambio, tendrán que entender que los tiempos del compadrazgo llegaron a su fin. Y si eso no se entiende en la atalaya del poder, entonces de nada servirá refrescar el partido que de suyo se encuentra cansado.

Habrá voces, como ya las hay, que descalifican el método seguido para elegir a Ochoa Reza. Sin embargo, es el miso que le funcionó por décadas al PRI.

¿Qué necesidad de probar cuando la elección presidencial está a la vuelta de la esquina?