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Punto de vista

  • Jesús Michel

Hace un par de días, Armando Ríos Piter me confirmó: vamos por 2 pesos de IEPS (Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios) por cada litro de bebidas azucaradas (las aguas negras del imperialismo yanqui, por delante). De aprobarse, representará un ingreso de 25 mil millones de pesos anuales para las arcas nacionales. El senador ofrece dos datos: el consumo de refrescos se redujo 4 por ciento en 2014 y 8 en 2015.

Mas, ¡oh sorpresa!, la versión de quienes venden 7 de cada 10 refrescos a lo largo y ancho del país, las tienditas de la esquina, dicen que es falso el anuncio de que la gente los bebe menos. Me lo afirma y firma Cuauhtémoc Rivera, líder nacional de la Alianza de los Pequeños Comerciantes.

Ambos coinciden en algo: saber qué se ha hecho con los 53 mil millones de pesos recaudados en los años 2014-2015 y que deberían estar aplicados en programas de salud y combate a la obesidad y la diabetes.

¿Por qué la gente sigue tomando refrescos a pesar del aumento en el precio? Rivera tiene una respuesta simple: porque es costumbre, le da vigor y le quita el hambre. El congresista sostiene, con cifras en la mano, que sí bajó el consumo y aumentó el del agua embotellada. “La venden las misma refresqueras”, admite.

Es decir, el negocio se mantiene y los consumidores seguirán ingiriendo azúcares al por mayor, porque es, como se dice, el “vicio de las mayorías”.

Ahora bien, lo que no queda claro para los declarantes ni para nadie, es en dónde se encuentran los 53 mil millones recaudados por el IEPS y más aún, cuando al sector salud le han recortado miles de millones de pesos.