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Punto de vista

  • Jesús Michel

Nada nuevo es que los partidos políticos vivan en continuas crisis. De un lado, el INE les aplica severas multas por violar la legislación; de otro, los gastos operativos son mayores a las prerrogativas y, el elevado número de aviadores sin avión, complica las finanzas de cada uno de ellos.

Hay opciones: obtener créditos bancarios, reducir la nómina, cobrar cuotas a los militantes o ¡pasar la charola! Generalmente quienes son miembros activos en los partidos pagan su estancia mientras no tienen un cargo. Deben estar al “corriente” o de lo contrario se puede caer la nominación. Y ahí, cuando están en campaña, piden todos los apoyos con la promesa de regresarlos con intereses cuando asuman su alcaldía, su curul o su sillón de gobernador.

Hoy en día hay dos partidos quebrados: el PRD y el PVEM. El primero porque ha gastado en las campañas, desde hace una década, lo que no tenía ni tiene. El segundo por las multimillonarias multas que le aplicó el INE y que lo tiene sin cubrir los salarios de sus trabajadores.

Alejandra Barrales fue elegida hace una semana como nueva dirigente del PRD. Arrolló y atropelló a su adversario, Pablo Gómez. Seguramente pidió informes de cómo están las finanzas y la sorpresa no fue menor: no hay un céntimo en las arcas perredistas. Entonces se reunió con los tres gobernadores de su partido y con el Jefe de Gobierno, que no es militante, y ahí planteó: necesitamos que los miembros activos paguen sus cuotas.

De no recaudar por esa vía, doña Ale se las verá más que morena. El PRD tiene líneas de crédito y no hay un Ahumada presente. ¿Qué le queda?… ¡pasar la charola!