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Punto de vista

  • Jesús Michel

¿Debería sorprendernos? No lo sé. El hecho me traslada a México, el vilipendiado país en donde las “trampas pre, electorales y post” son la comidilla del día en todos los ámbitos. Saber que desde el Partido Demócrata se lanzaron miles de mensajes electrónicos para que Sanders no llegase a la candidatura del partido y que aquellos, los mensajes, hayan sido hackeados desde Rusia, sí me sorprende.

Aquí, con todos los defectos de la legislación electoral, exceso de limitantes y laxitud en sanciones, no está permitida la injerencia de Gobiernos extranjeros -la falla: el caso Amigos de Fox- en apoyo o ataque a candidato alguno; no se vale que funcionario público, del rango que fuere desde el Presidente de la República hasta la secretaria del ayudante de asesor, participe en eventos electorales si no es en su día de descanso; no se admite, porque hay sanción, que de un partido se saquen informaciones privadas para difundirlas desde otros. Sin embargo, desde Washington nos “embarran” el cúmulo de “mañas” que se aplican en los procesos electorales.

¿Quién envió los mensajes del Partido Demócrata para evitar que Sanders diera el zarpazo? El FBI investiga. Y si se comprueba, por otro lado, que desde la Rusia de Putin hubo acciones que contribuyeran a frenar la carrera del “izquierdoso” independiente, supongo que habrá algún reclamo. Nada más. Leyendo las informaciones internacionales, también se afirma que los correos que Clinton envió desde un ordenador privado, pero sin candados de seguridad, cuando era secretaria de Estado, fueron filtrados por Moscú y ello equivaldría al respaldo de Putin a Trump. ¿Qué significaría eso?