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Punto de Vista

  • Jesús Michel

Al buen entendedor, pocas palabras. El Gobierno federal trabajará en atacar la pobreza con las mediciones del Coneval y no con las del INEGI. ¿Desconfianza? Sí, y bien ganada. Julio Alfonso Santaella Castell, presidente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, despidió al director general de Estadísticas Sociodemográficas, Miguel Juan Cervera Flores, en aras de amainar la tormenta desatada por las contradicciones en las mediciones de pobres, las que “reducían dramáticamente” el número de personas que no tienen ni siquiera para comer.

Si la intención del señor Santaella, quien desesperadamente trata de difundir su verdad, fue la de demostrar que la política social ha funcionado de “maravilla en este sexenio”, merece que se le aplique el refrán: no me ayudes compadre.

El responsable de la política social, José Antonio Meade, sin mencionar al organismo autónomo constitucional, le pidió a las organizaciones civiles trabajar de la mano para combatir la verdadera pobreza, y tomar los indicadores de Coneval para enfocar las acciones.

Más allá de las razones del señor Santaella, alguien tiene que tomar cartas en el asunto y hacerlo entender que el maquillaje no ayuda… solo engaña por momentos, porque cuando se cae, derrite o chorrea, muestra la realidad.

Ahora bien, el diferendo entre los dos órganos encargados de la medición, de un lado, y de la evaluación del otro, no debe frenar la ayuda. Sin embargo, el Gobierno está obligado a mostrar que en las áreas que atiende lo hace porque la gente de verdad necesita la ayuda, no porque esté buscando tener votos en la próxima elección.