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Punto de vista

  • Jesús Michel

Con una estrategia digna de mejores causas, la CNTE ha logrado lo impensable: debilitar a tres precandidatos presidenciales del PRI: Aurelio Nuño Mayer, primero, Luis Videgaray Caso, en segundo y Miguel Ángel Osorio Chong, después.

El secretario de Educación, de quien habrá de reconocérsele, que inició con enjundia y metiendo el acelerador para posicionarse. Topó con pared y no supo o no quiso encontrar la forma de franquearla. Hoy se le escucha con voz apagada, con tonos suaves, en la búsqueda de la “conciliación” con aquellos a los que enfrentó como nadie.

El otro aspirante o cuando menos considerado como tal y que encabeza las encuestas -¿son de verdad?-, Osorio Chong ha sido el blanco de los disidentes. Por lo menos en las últimas semanas. Como si fuera poca la responsabilidad de intentar negociar lo innegociable legalmente, le brinca otro gamo en el sinuoso camino por el que transita: el sector privado.

Este gamo, con cornamenta de ramas puntiagudas, reclama restaurar el Estado de Derecho, amenaza con no pagar impuestos y divide a los legisladores federales. Para el encargado de la política interior, se abren frentes por los cuatro lados y no tiene, por lo menos hasta lo ahora actuado, escuderos que eviten el cabezazo del cuadrúpedo.

Y mientras los tres secretarios agotan sus argumentos, los necios de la CNTE observan cómo su estrategia rinde frutos. El Gobierno los atiende, les concede. Y los disidentes no pierden nada. Los empresarios no tienen para cubrir las nóminas, se ven obligados a reconstruir sus locales y a reponer sus mercancías sin que seguro alguno les pague.

¿La acción de la CNTE es a propósito?