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Punto de vista

  • Jesús Michel

Decir lo siento es el cliché. Nadie, sin embargo, lo siente como la persona que pierde al ser querido. Es la única que sabe qué huella dejó en su vida. Nadie espera que la esposa o el esposo deje viudo a uno y otra. Aunque parezca de telenovela, uno se imagina que llegarán juntos al final de la vida, aunque generalmente no es así.

A Emilio Gamboa Patrón le admiro su entereza. Sus palabras: “estoy orgulloso de haber sido su esposo”, revelan el respeto y el cariño, el amor que le tuvo y le tiene a su hoy fallecida esposa, María Angélica Miner de la Concha. La muerte de su compañera no fue una sorpresa, aunque seguramente Emilio hubiera preferido tenerla a su lado por más tiempo.

Hombre recio, de talento político, nunca se dejó llevar por el canto de las sirenas. Siempre estuvo con su familia: su esposa y sus tres hijos. Hoy comienza una nueva vida. No la que quisiera, pero la vida tiene que seguir. El orgullo de su esposa, encuéntrese en donde fuere, será verlo convivir con sus hijos, con sus nietos. Observarlo cómo mantiene unida a su familia, cómo se entrega a sus obligaciones profesionales –porque es político profesional- y cómo rinde buenas cuentas, la llenará sin duda de alegría.

Sé que escribo por la amistad y en la utopía. Sin embargo, saber que supo tener a una compañera que lo entendió, lo impulsó, lo quiso y le regaló tres hijos, deben ser motivos suficientes para mirar lo bueno que todavía le queda de vida…

Emilio: simplemente un abrazo.