imagotipo

Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Desde aquel diciembre de 2000, cuando Ernesto Zedillo propició un “golpe de Estado”, al destituir a todos los ministros de la Suprema Corte de Justicia y enviar una iniciativa de ley para reducir de 25 a 11 el número de integrantes del Poder Judicial de la Federación, las cosas no se habían complicado tanto para la propuesta de dos nuevos elementos en la Corte, a la salida, por cumplir con su tiempo legal, de igual número de ministros.

El tiempo apremia y el Ejecutivo federal deberá enviar en las próximas semanas, no más de dos nos informan, la terna de la cual los senadores deberán elegir a los nuevos miembros de la Corte. El tema se ha politizado en extremo, probablemente por las filtraciones realizadas desde la casa presidencial de quiénes serán los aspirantes oficiales y cuál de los tres o de las tres se quedará fuera.

Antes de Zedillo se nombraban ministros a políticos en desgracia. O se les enviaba como embajadores. Muchas fueron y son las críticas al procedimiento. Es solamente el Presidente de la República el que propone y el Senado dispone… a medias. Porque si rechaza la primera terna viene una segunda y si ésta corre la misma suerte, entonces es el Presidente el que designa.

No hay equidad ni contrapeso, se han quejado los senadores. Sin embargo, nada han hecho por modificar la Constitución en este tema.

Hoy los dirigeantes de los partidos de oposición “exigen no partidizar” la designación. Lo mismo hablan en tratándose de consejeros electorales, comisionados de transparencia y de todos los miembros autónomos. Sin embargo, en ellos hay cuotas partidistas. La Corte no debiera estar en el mismo rango de cuotismo. ¿Quiénes llevarán la toga con la dignidad que el cargo amerita? Pronto, muy pronto lo sabremos.