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Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Dejar a los alumnos sin clases tiene que ser considerado un delito de lesa humanidad. Más cuando se trata de niños que viven en entidades marginadas, a las que el progreso no se asoma y el futuro es incierto.

El casi nulo eco al llamado de la CNTE para “paralizar con marchas a 26 Estados del país”, se notó. En la ciudad de México, se juntaron apenas entre mil y mil quinientas personas. No todas eran docentes. Había algunas de las secciones 9 y 11; otras de la 22 y ninguna de Chiapas o Guerrero. Para tratar de hacerse notar, a los maestros se les unieron electricistas, estudiantes y sociedad civil.

Una marcha a la que le faltó enjundia, presencia y mostrar el “músculo” que hace dos años puso en jaque al Gobierno federal.

No habrá diálogo con la autoridad competente: la Secretaría de Educación, si aquel se sustenta en buscar el incumplimiento de la Reforma Educativa. Fue claro Aurelio Nuño Mayer: si hay respeto a la legalidad, habrá parlamento.

Finalmente, parece que el Estado de Derecho se impone a las huestes de aquellos que solamente buscaron y encontraron el camino para enriquecerse en lo personal, en el grupúsculo que controla la CNTE.

Quien regrese a clases, tendrá estímulos para ascender profesionalmente. Quien falte tres días en un mes se irá. Hacer valer la ley es abandonar la anarquía. ¡Bien!