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Punto de Vista | Jesús Michel Narváez|

  • Jesús Michel

Desde su arribo a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera se declaró ser una persona con los oídos abiertos para escuchar los reclamos de sus gobernados. Ha sido impulsor de consultas –algunas como las peleas de Jorge Kahwagi Macari- y ha respondido a los ciudadanos cuando demandan algo.

Hoy enfrenta dos temas que parecen rebasarlo: la consulta por el Corredor Cultural-Chapultepec y la inseguridad que priva en el Centro Histórico. En el primero no ha quedado claro que la majestuosa obra beneficie a quienes habitan en las zonas que serán modernizadas. Nadie sabe la razón por la cual se concesionaron miles de metros cuadrados. Esa información se mantiene guardada bajo siete llaves. En el segundo, su negativa a aceptar que el operativo policial puesto en marcha antenoche –como lo consignó El Sol de México en su edición de ayer- obedece a las denuncias que por extorsión e inseguridad sufren miles de comerciantes establecidos, deja mucho qué desear.

Me quedo con esta segunda situación. Si la instrucción de restablecer el orden, recuperar la seguridad, proteger a sus gobernados es de motu proprio, hay que pedirle que les rente la lámpara de Aladino a todos los gobernadores. Tendrían la bola de cristal en la que podrían observar cómo inhibir el delito y dar seguridad a quienes habitan las entidades que gobiernan. Podría, además, patentar los mecanismos que lo llevaron a adelantarse a los hechos y desoír los reclamos.

Porque sabiendo lo que podría pasar no habría hechos ni reclamos.