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Punto de vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Hiperactivo –en mis tiempos se les llamaba de otra manera- que es, Manlio Fabio Beltrones se ha convertido en el más importante defensor de las reformas estructurales del Gobierno del presidente Peña Nieto. Es el hombre que lleva la voz a todo lo ancho y largo del país, del partido que postuló y llevó de regreso al PRI a Los Pinos, y con esa investidura promueve y destaca las virtudes de las reformas que, más pronto que tarde, rendirán frutos.

El fin de semana, en su gira de trabajo por los estados de San Luis Potosí y Zacatecas, dijo que su partido defenderá la reforma educativa de aquellos a los que no les gusta, enemigos declarados de la misma por el hecho de evaluar a los maestros. El sonorense señaló que “ante una desigualdad heredada como la del país, la única manera de erradicarla es con educación de calidad. Todo lo demás es simple discurso”.

Y tiene razón. Mientras México tenga y mantenga una educación deficiente, por diversas razones, no avanzará hacia los umbrales que requiere para competir en la globalización. Porque en ella estamos, en ella vivimos y en ella viviremos el resto de nuestros días, hasta que a las potencias se les ocurra otra forma de sangrar las economías de los que menos han recibido educación. Beltrones no es vocero presidencial, pero es el dirigente nacional del partido en el poder. Se mueve más, tiene más conocimiento, sabe expresar mejor las cosas que los propios secretarios de Estado, quienes reciben órdenes directas del residente de Los Pinos.

En el futuro cercano, Beltrones venderá, y bien, las reformas estructurales, sobre todo dos: la educativa y la energética. Algo que deberían estar haciendo los responsables de esas áreas.