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Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

¿Cabilderos?

Legalmente, ya existen. Para operar como cabildero ante el Congreso de la Unión, quienes realizan el trabajo deben registrarse, mostrar el currículum que los acredite en la materia y tener, por supuesto, los contactos con diputados y senadores para dar resultados.

El cabildero, nos cuentan, tiene a su disposición diversas herramientas que se constriñen a una: dinero.

Es un secreto a voces que los “moches”, ya por parte de los propios legisladores o de los cabilderos, funcionan de maravilla. Los primeros para que se realicen obras en los municipios; los segundos colman de placeres a los congresistas. Nadie puede corroborar que haya corrupción, porque a lo mejor nadie pide a cambio de votar en un sentido u otro.

La semana pasada hubo una sorpresa en la Cámara de Diputados. En la Ley de Ingresos se decidió que el IEPS a las bebidas azucaradas con más de 14 cucharadas del endulzante ya no fuera un peso por litro, sino solamente de 50 centavos. Hubo gritos y sombrerazos y opiniones encontradas. Cuando se aprobó la rebaja, surgieron los comentarios: “funcionaron los cabilderos”.

La minuta de los diputados llegó al Senado y, oh sorpresa, la bancada del PAN se dividió y otros grupos aprovecharon para tumbar la decisión de la colegisladora.

Anoche se aprobó en comisiones dejar intocado el IEPS a las bebidas azucaradas. La frase que surgió fue; “¿acaso los cabilderos dieron allá y acá no?”. No sabemos qué dieron o qué dejaron de dar. Lo intuimos, pero hasta ahí.