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Punto de Vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Ley Fayad

Intentar silenciar las voces que con o sin razón se expresan por internet y las redes sociales no solamente sería un acto de censura, sino una forma pedestre de tratar de controlar daños políticos. Porque la iniciativa de Omar Fayad, senador del PRI, para regular contenidos electrónicos no obedece a evitar los descubrimientos, señalamientos y hasta agresiones a diversas personas. No, tiene un tufo político que deja mal parado, más, al Gobierno federal.

A Julian Assange y su creación informativa a través de WikiLeaks, les debemos habernos enterado de acciones del Pentágono, la CIA, el FBI, la Casa Blanca, las decisiones de Putin, los diálogos entre Obama y Cameron y un largo etcétera. El supra poder de Estados Unidos y sus aliados no pudo y no ha podido impedir la difusión de documentos ultra secretos que evidenciaron cómo se controla el mundo.

Aquí se encendió el fuego de la libertad absoluta, y si bien se cae en el libertinaje a través de redes sociales, resulta poco menos que un desacierto pretender acallar las voces que, con o sin razón insistimos, logran expresarse y en muchas ocasiones obtener respuestas que en el sepulcro del silencio y la censura habrían sido imposibles.

Omar Fayad, con ganas de estar en el ánimo presidencial y del cerrado círculo que lo cobija, se lanza al vacío en su intentona de censurar los contenidos tanto en internet como en las redes sociales. Parece no entender que los tiempos de colocar bozales quedaron atrás y que gobiernos como el de Gustavo Díaz Ordaz no podrán repetirse.

La información es un derecho constitucional pero más un derecho humano. ¿Estamos?

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